Cada noción pasa por estos cuatro tiempos, en este orden.
Empezamos por mirar: lo que el niño toca, lo que repite, lo que evita. No se decide nada antes de haber entendido cómo aprende.
Todas se trabajan desde preescolar y se preparan desde la guardería.
Circuitos, equilibrio, coordinación.
Nombrar, contar, conversar.
Tocar, escuchar, comparar.
Reconocer los sonidos y las letras.
Clasificar, ordenar, contar, deducir.
Dibujo, pintura, modelado, cerámica.
Cerámica, música, danza, teatro.
Cada día, desde la microguardería.
Sembrar, regar, cosechar, reciclar.
Servirse, ordenar, esperar su turno.
El huerto, de la siembra a la cosecha.
El gallinero y los seres vivos que observamos.
Rutinas, canciones y consignas en inglés, desde el primer día de guardería hasta el final de la primaria.
Cerámica, música, danza, canto, pintura y teatro, con instrumentos a mano, para todos los niños.
Dar de comer a las gallinas y a los conejos, recoger los huevos, observar: los seres vivos se entienden conviviendo con ellos.
Cada aula tiene su rincón de lectura; allí se escucha el cuento del día sentados en el suelo.
Un cuaderno por niño, a cargo de la maestra, en el que anota lo que ya se ha adquirido y lo que todavía necesita tiempo.
Con unas palabras sobre el día a cada salida. Para lo demás, el teléfono y WhatsApp responden rápido, sin falta.
Logopeda, psicomotricista o psicólogo intervienen cuando se detecta una necesidad, de acuerdo con la familia.
Museo, zoológico, parque: cada salida prolonga lo que se trabaja en clase, y se prepara antes de ir.


